miércoles, 25 de mayo de 2016

Familia Caballero Clérigo ( Agricultores en Castromocho)


Florencio, Angelines y Antonio viven dedicados al campo. En su caso, la agricultura es una pasión compartida en familia.



La familia Caballero Clérigo nos recibe en su casa, en Castromocho-Palencia, para compartir con nosotros su día a día en el campo. La vida de Florencio y Angelines es una historia de amor ligada al campo. Juntos formaron una familia y hablan orgullosos de sus tres hijos. Pero solo el más pequeño de los tres, Antonio, ha querido seguir trabajando junto a ellos en el campo.
En la actualidad, cultivan más de 500 hectáreas en cinco término municipales de la zona. Los cultivos que la familia tiene son en su mayoría maíz, girasol, alfalfa, trigo, cebada....
Su pueblo de toda la vida, Castromocho, tiene menos de 200 habitantes censados de los que solo 8 se dedican a la agricultura, cuando hace años eran casi 40. Ellos se sienten muy unidos al pueblo. Florencio es el Alcalde y Angelines la Juez de Paz.
Florencio cumple 65 años y no piensa en jubilarse porque la agricultura le gusta y mucho. Afirma que todos los inicios son difíciles, que en su familia empezaron con 7 u 8 mulas y alguna hectárea y fueron creciendo poco a poco. Reconoce también que en los jóvenes está el futuro, pero que empezar sin nada es prácticamente imposible. "Arreglar o comprar un tractor es mucho más caro que antes y los precios de la agricultura prácticamente se han mantenido", señala Florencio.
Angelines, por su parte, recuerda como desde pequeña sus padres le inculcaron las costumbres de la labranza en el campo y que, a día de hoy, le siguen apasionando tanto como el primer día. Ella es la única de tres hermanas que quiso continuar con la herencia familiar y aunque actualmente se dedica a la agricultura, cuenta que en su familia han sido también ganaderos y como disfrutaba cuidando de los animales. Lamenta no poder seguir desarrollando esa labor, pero le gusta mucho lo que hace y el poder compartir su profesión con su familia. Sonríe recordando sus momentos con su padre ayudándole en las labores del campo. "Yo soy muy feliz dedicando mi día a día al campo" afirma Angelines.
Antonio desde joven ayudaba a sus padres en el campo, aunque antes de dedicarse a la agricultura probó a trabajar por cuenta ajena en varias empresas. Florencio comenta entre risas. "Yo decía, cuando se dará cuenta mi hijo de que la comodidad y la paz la tiene aquí y deja de ir a buscarla todos los días".
Florencio y Angelines recuerdan cómo gracias a los avances tecnológicos en agricultura todo es mucho mas fácil y cómodo ahora. Antonio nos cuenta que desde hace 10 años se dedica profesionalmente a la agricultura y desde el principio es socio de Agropal. Además recoge alfalfa para la cooperativa. "En Agropal, el socio siempre tiene prioridad ante cualquier servicio" señala Antonio.
El matrimonio lleva más de 20 años como socios en Agropal y nos cuentan que cuando se hizo el almacén de Agropal en Castromocho le facilitó muchísimo su labor. El poder llevar la cosecha y acudir allí siempre que necesitan algún tipo de suministro lo valoran mucho.
"Los jóvenes son ahora el futuro igual que lo fui yo", señala Florencio. Su generación vivió el pasado del empleo de animales en la labranza así como los primeros y rudimentarios tractores. Cuenta divertido como él ayudaba a su padre con el tractor pues al principio le decía "so" para pararlo y acababan en el arroyo. Paradojas de la vida, ahora es él al que su hijo le enseña a programar un moderno tractor con GPS incorporado.
Recuerda Florencio que Agropal ha evolucionado mucho, estando siempre muy pendiente de los últimos avances y los ha puesto en práctica. De este modo ha crecido la cooperativa y se ha buscado siempre el máximo beneficio para todos los socios. "Agropal te da un servicio y te lo da en el pueblo", afirma Florencio. Entre los nuevos servicios que la familia está usando, se muestran muy satisfechos con los seguros con muy buenas coberturas y facilidad de pago.

Una familia que transmite profesionalidad  y pasión por el campo y dejan claro cómo van a continuar con esta profesión hasta que "el cuerpo aguante" pues les gusta y no se imaginan haciendo otra cosa que no sea estar en contacto con la tierra y su pueblo.

Agropal( Grupo Alimentario).





martes, 17 de mayo de 2016

Fallecimiento

Heraclio,  el día 9 te felicitábamos por tu cumpleaños y te mandábamos  un abrazo, ayer nos decían que estabas muy malito y hoy nos comunican que nos has dejado. No acierto que decirte, simplemente dar gracias al destino por haberte conocido en estos últimos años  y que me siento muy honrado por tu amistad. Muchas gracias por todo amigo.
Como vas a estar ahí arriba, seguro que seguirás el destino de tu pueblo al que tanto querías.


jueves, 14 de abril de 2016

LOS PROFESIONALES EN CASTROMOCHO

CASTROMOCHO


La profesionalidad, un requisito

  Castromocho ha gozado de buenos profesionales. Yo recuerdo a todos aquellos de mi infancia. Por mencionar algunos, recuerdo a don Miguel León, que además de buen veterinario era una persona accesible y coloquial; a don Agustín León, el médico, nuestro médico, a quien los niños además admirábamos como jinete de su caballo "Azaña"; a doña Concesa, la maestra de las niñas, al secretario mi tío Marciano Camazón... todos ellos llenaron una época.
  Y ¿quién no recuerda en otra esfera a profesionales como Antonino el alguacil, que al son de tambor cantaba en ciertas esquinas con voz potente los bandos de "por orden del señor alcalde de esta villa se hace saber"..., o del señor Restituto, sacristán y organista?. Un modelo de profesionalidad fue Elías Ferreras, que habiendo nacido labrador, se convirtió en un herrero experto y habilidoso, que sacó de muchos apuros a los labradores en los arreglos de sus aperos y maquinarias. Todo esto lo recuerdo a raíz de una crónica de mediados del siglo dieciocho.
  El día veinticinco de abril de mil setecientos setenta y seis, don Genaro de la Rosa, juez de Castromocho, recomendó al escribano, Manuel González que debía demandar y mandó hacer y que se haga por su merced y demás de su audiencia el reconocimiento de las carnicerías, abacerías, tiendas, tabernas, mesones, cárceles, casas de ayuntamiento y demás puestos públicos que había en dicha villa y que el día que se haga que se ejecute, se ponga por diligencia, así lo previó y mandó.
  Las cosas se tomaron a pecho y "en la Villa de Castromocho a veintiséis de dicho mes de abril y referido al año de mil setecientos setenta y seis, el señor Juez de esta residencia pasó a hacer reconocimiento y visita... acompañado de su alguacil y de Manuel Gutiérrez Castillo... a los puestos, tiendas y abastos..."
  La inspección baja a detalles minucioso. De las pesas de una carnicería dice "estar bueno" y de los garfios "en su fiel peso".
  En el Mesón de Juan de Lora resalta que se inspeccionaron cuadras y pesebres"...  y por no haber parecido fijado aranceles preguntósele el motivo; respondió que nunca había tenido, ni cuidado de ello... Encargósele que lo sacare y fijare en el día, pena de mil maravedís,,, y so la misma pena no tuviese gallinas ni cerdos en dicho mesón y por el defecto de dicho arancel reservó su merced en sí, la condención y providenciarlo convenientemente". Además de este existían dos mesones en el pueblo, que se ganaron multas parecidas por parecidas deficiencias. Con el tiempo fueron desapareciendo todos estos mesones y en los años veinte de este siglo no había más posada en Castromocho que la de la señora Jovita.
  En la "abazería" o tienda de aceite y pescado hallaron "algunas pesas estar rotas por el hondón y este estar tapado con cera y con todo defectuoso, lo que se recogió" aunque en tiendas y mesones.  "El día 27 de dicho mes y año" se personaron ante don Manuel de Soto" que presentó su título de Maestro de primeras letras dado en Madrid con fecha de doce de junio de mil y setecientos setenta y cinco... que visto y reconocido por su merced se le devolvió con la nota correspondiente.
 El 28 la inspección llega a don Santiago del Rio Gutiérrez, cirujano, cuyo certificado estaba fechado en Madrid el 18 de mayo del mil setecientos cuarenta.
  Gracias a esta inspección sabemos que el Boticario se llamaba Gregorio Rebolledo y el médico José Zilleruelo.
  No encontraron el juez y el escribano tantas facilidades en la presentación de certificados y documentos con los maestros de obras, que parecen abundaban en aquel tiempo. Recuerdan las crónicas que se les pidieron "sus respectivos títulos" y todos respondieron que "no los tenían".
  La competitividad y eficacia abarcaba todos los ramos. El día dos de mayo el señor juez de Castromocho  pedía a don Manuel Mata Blanco su titulo de "Herrador", que por cierto, había sido despachado en su favor en Madrid con fecha de veintinueve de octubre de mil setecientos seis" y por supuesto pareció estar bueno".
  Estamos acostumbrados a oír de pactos de competitividad y a inspecciones de calidad de productos. Por lo que se ve no es cosa nueva. En el siglo diez y ocho ese control llegaba hasta lugares tan olvidados como Castromocho. Los fallos y defectos no se remediaban con unos cuantos maravedís, pues la crónica añade que;"... habiéndoles pedido sus títulos o cartas de exámenes y respondido que no las tenían, sobre todo los maestros de tejidos de estameña, se les previno por dicho señor, que al término de seis meses se examinasen y presentasen dichas cartas ante la justicia de esta villa"

  Pedro Junquera, C. M.
 



martes, 12 de abril de 2016

PALENTINOS EN AMÉRICA.

PALENTINOS EN AMÉRICA.

Tristán Llorente, natural de Castromocho, en la conquista de Tierra Firme.

Tristán LLorente debió nacer en los albores del siglo XVI y se fue a Indias en plena mocedad. De los datos que de él poseemos deducimos que intervino en la conquista de Tierra Firme como soldado sin hacer especial carrera. Posteriormente, asentado en la ciudad de Nombre de Dios debió dedicarse al comercio-acaso de perlas- en consorcio con el doctor Luis de Cabreros, a quien a la postre nombraría albacea y heredero universal de sus bienes.
En la ciudad de Nombre de Dios se encontraba el 13 de abril de 1583 cuando otorga testamento ante Francisco Quijada, escribano de S. Majestad Juan Báez, otro conocido comerciante que anteriormente había  traficado desde Sevilla, está presente como testigo y firma en su nombre, tras confesar el testador que no sabía firmar. Los nombres de los demás testigos no ofrecen especiales sugerencias.
Es la cabecera de esta escritura de últimas voluntades, donde el otorgante deja de manifiesto su procedencia:"...natural de la villa de Castromocho ques en los rreinos de Castilla, hijo lexítimo de Alonso LLorente y de Bríxida su muger...". Y también su situación: "Estante al presente en esta ciudad de Nombre de Dios destos rreynos de Tierra Firme de las Yndias del Mar Océano, estando enfermo del cuerpo e sano de la voluntad y en todo mi seso...".
Por lo que podemos saber a partir de sólo algunas cláusulas testamentarias, no tiene herederos forzosos, ni en línea ascendente ni descendente; y por lo que los viejos del lugar testifican casi cuarenta años más tarde, tuvo dos hermanos, Pedro y Francisco, y una hermana, María, casada con Francisco de Melgar, y que vivían estos últimos "al Arrabal de la villa, pasada la Puente".
Si hemos de creer al viejo del lugar y fiarnos de su memoria, Tristán Llorente vivió con su padre Alonso "a la fortaleza, en las casas de Francisca Herradora". Pablo Alonso, barbero del lugar, que había nacido con el siglo y testifica en 1589 en un proceso sobre la Capellanía fundada por Tristán, afirma haber  conocido a éste cuando era mozo antes de irse a las Indias. La ubicación de su morada es de importancia; pero no queda claro en el testimonio del señor Pablo. Si lo traducimos por vivir en la fortaleza tendríamos que concluir que se trataba de una familia de hidalgos al servicio de los señores condes de Benavente de quien era el señorío de Castromocho; si lo traducimos por vivir junto a la fortaleza, pudiera no serlo. El que señale que aquellas casas son ahora ( en 1589) ocupadas por Francisca la Herradora se inclina a aceptar la segunda traducción.
Es indudable su profunda amistad y confianza con el doctor Luis de Cabreros. Residía en la ciudad de Nombre de Dios y su título académico parece que no era de índole eclesiástica. Parece que por el año 1553 el doctor Cabreros tenía proyectado su viaje de regreso a España lo que permitió a Tristán nombrarle albacea único para las cosas de acá y de allá, para las cosas de su alma y las demás mandas testamentarias y con plenos poderes para entrar en su hacienda y heredar los demás bienes que restaran tras cumplir sus últimas voluntades.
Entre estas mandas estaba la dotación de una capellanía en la iglesia de Santa María de su villa natal: " Y tem mando y es mi voluntad que en la iglesia de Santa María la Mayor en la dicha villa de Castromocho, se digan dos misas cada semana perpetuamente en el altar mayor de dicha iglesia por mi ánima e por la de mis padres e por las personas a quienes soy a cargo; e mando que de mis bienes se compre renta cierta qual parezca a mis albaceas para efectuar lo susodicho, la qual renta se dé a un capellán...". Tras el fallecimiento de su albacea perpetuo y heredero universal, la justicia y regimiento de Castromocho asumirían el patronazgo de la capellanía.
Hasta 1592 ejerció su patronazgo desde Sevilla el doctor Cabreros; pero ya antes la justicia de Castromocho había tenido que pleitear con él en razón de las rentas y la provisión de los primeros capellanes. El testimonio de la muerte de Cabreros en Sevilla, llegó a Castromocho a través del licenciado Orejón" clérigo Sacristán Mayor de la iglesia Mayor de Sevilla, que vino a esta villa..., e dixo e publicó quel susodicho era muerto, difunto e pasado desta presente vida, e le avía visto enterrar e sepultar, e tal era público en esta villa y en la dicha ciudad entre todas las personas que le han conocido como este testigo le conoció..."
El licenciado Orejón era natural de Castromocho y hermano de Melchor de Orejón escribano de la villa, ante quien testificó sobre la muerte de Cabreros. La prebenda de la Sacristanía de la Catedral de Sevilla, no era nada desdeñable y su poseedor gozaba de gran consideración.

Además de la iglesia de Santa María, algunas mandas llegaron también para los hermanos de Tristán o sus herederos. Alonso Aguayo dice recordar que algún tiempo después de la muerte de Tristán Llorente, su hermano Francisco " fue a Sevilla a cobrar su hacienda como tal hermano". Debía ser el único hermano superviviente. Descendientes de su hermana María ocuparían sucesivamente la capellania erigida en Ntra. Señora de la Colaña.


sábado, 5 de marzo de 2016

UNIDADES BÁSICAS DE ORDENACIÓN Y SERVICIOS DEL TERRITORIO.


Este es el comienzo de la unión de municipios para compartir servicios y formación de mancomunidades, que hagan mas fácil el suministro de servicios a los pueblos de Palencia.
La pasada semana se publicaba las diferentes áreas de pueblos de Palencia que ha formado la Junta y está compuesta por 17 unidades básicas, una urbana (Palencia capital) y 16 rurales.
El grupo de pueblos en el que está incluido Castromocho, se ha llamado (Campos de Castillos) con el Nº 11 que comprende 19 localidades, Abarca - Ampudia - Autillo - Baquerín - Belmonte - Boada - Capillas - Castil de Vela - Castromocho - Frechilla - Guaza - Mazariegos - Mazuecos - Meneses - Pedraza - Torremormojón - Villamartin - Villarramiel - Villerías.
Muchos temen que detrás de estas propuestas solapadas en el marco de la “eficacia financiera y eficacia de los recursos y servicios, se esconda una autentica desamortización, privatización de gestión y de recursos estratégicos y de bienes históricos. Se aboga por una ordenación del territorio que respete las bases patrimoniales comunes y que con valentía defienda y estimule la vida en los medios rurales mas desfavorecidos.
Decía Antonio Machado en unos poemas a los Campos de Castilla. Negros nubarrones de incuria y desamparo amenazan a nuestras tierras y a sus gentes. Ojala no  descarguen con violencia apocalíptica sobre nuestros campos y en nuestra tierra abnegada y noble, brille la esperanza en un mundo rural vivo.



lunes, 15 de febrero de 2016

DESPOBLACIÓN.

Hoy en Valladolid, ocho comunidades autonómicas, forman un Foro de Comunidades para atajar la despoblación.
Según los datos del INE, publicados a primeros de mes, la provincia de Palencia pierde inexorablemente población.
En 2015 perdió 1.574 habitantes en relación a 2014 (total 166.035)
En Palencia capital con relación al último padrón, ha caído en 583 personas (total 79.595)
Y según lo publicado, Castromocho perdió 10 habitantes, ya que pasó de tener 244 en 2014 a 234 en 2015. 
Castromocho en 1996 contaba con 277 habitantes, por lo que el porcentaje de despoblación era de unos dos habitantes al año, pero este último año se ha disparado terriblemente. Las causas ? yo las desconozco, igual ha sido un cúmulo de circunstancias, pero la cosa no pinta bien.